La creciente demanda de servicios vinculados con la presencia en redes sociales se explica además de por el efecto «moda» por la falsa idea de la gratuidad. Para salir en Facebook o en Twitter no hay que pagar, sí en cambio para aparecer en banners, AdWords o mejorar el posicionamiento en Google. Naturalmente estas empresas y profesionales que se lanzan a los social media buscando tráfico y reconocimiento de marca no tardarán mucho en darse cuenta que la gestión profesional de su visibilidad en Facebook, Twitter, blogosfera etc. va a exigir no sólo formación, recursos y tiempo suficiente (dinero al fin y al cabo) sino también la eleboración estratégica de un plan que entre otras muchas cosas evalúe cuantitativamente los resultados.  En la mayoría de planes vamos a exigir una cantidad de visitas desde cada uno de esas distintas plataformas hacia el sitio web y de ahí precisamente la necesidad de  escribir este post.

Me preocupa que las empresas estén ahora destinando recursos a su presencia en social media  (incluso dinero en campañas de publicidad en Facebook, buena alternativa sin duda) restándolos del mantenimiento o mejora de su sitio web. Nada más equivocado. Si diseñamos un plan de acción para social media (SMP o social media plan) será para llevar tráfico al web, nuestro campamento base o plataforma principal, diseñado concienzudamente para informar con detalle, convencer y vender.  Yo suelo mirar el web en el perfil de la persona, su blog etc. antes de hacerme seguidor suyo, además que sus tweets me parezcan valiosos. Si el web sabe explicar rápidamente qué hace, qué tiene, qué valor aporta es más probable que se añada el seguidor, el fan etc.

En otras ocasiones ya he hablado de cómo entender el diseño del web como un proceso que nunca se acaba pero si ahora tuviera que hacer una lista rápida de ingredientes a considerar para analizar críticamente tu web antes de lanzarte a la aventura de los social media incluiría:

1) Un diseño profesional y acorde con el público potencial. La primera impresión es importantísima si queremos ser creíbles y ayuda a que los clientes potenciales identifiquen el tipo de proveedor o partner que puedes ser.

2) Una navegación clara y orientada a tareas concretas. La prueba del algodón es que un conocido tuyo (no cliente) le de un vistazo rápido al web y resuma qué servicios ofreces, para quién y cómo lo haces.

3) Textos redactados pensando en Internet y en el valor añadido de cada párrafo. Como dice mi admirada Eva Sanagustín «Una vez terminado el texto, hay dos preguntas que por muchas prisas que se tengan no se pueden obviar: ¿he conseguido transmitir lo que quería? y ¿lo he hecho bien? La primera está relacionada con el objetivo del texto, es decir, repasar las preguntas previas a la redacción, y la segunda implica tanto revisión ortográfica como de la correcta difusión de los valores de la empresa».

4) De manera crítica, ¿hemos diseñado en el web todo un proceso para más que explicar, convencer? Este es el concepto acuñado por Multiplica que entendemos por la persuabilidad. Se trata de aprovechar cada oportunidad de contacto con el usuario para avanzar en su proceso de decisión desde la curiosidad hasta el interés que le conduzca a contactar.

Sólo cuando tengas claro que tu web es la mejor que podría ser -aunque siempre se podrá optimizar- es conveniente abrirse al mundo y atraer clics por todos los medios. Así que no lo olvides, antes de Facebook, ¿qué tal un vistazo crítico al web?

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