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Cuando el problema es el web

March 31, 2011

“Todas las acciones de marketing empiezan o acaban en el web”. Esta es una frase que uso en una de las diapositivas con las que suelo iniciar mis sesiones de marketing web. Algunos de los participantes creen que asistiendo a esta sesión vamos a hablar exclusivamente de distintas tácticas de obtención de tráfico como SEO, AdWords, emailing, social media, etc. y se sorprenden cuando dedico tantos minutos a hablar de la importancia de la web. Visitas, visitas es el mantra para muchos. Nosotros, que sabemos que obtener visitas es “sólo” una cuestión de más o menos presupuesto preferimos este otro: “No quemar el dinero para descubrir que la web podría ser un vendedor mucho más bueno”.

Un web no es ni bueno ni malo. Es adecuado o no adecuado para atender a los objetivos o expectativas. Y eso es lo que suelo contestar cuando me preguntan ¿qué te parece mi web?.  Lo primero que deberíamos tener son unos objetivos medibles para el web, tantas visitas o tantas conversiones. Por supuesto esos objetivos deben ser realistas, no vale decir quiero tener 1.000 ventas al mes sino somos capaces de justificarlo. Hoy en día disponemos de buenas herramientas para ayudarnos en la estimación de objetivos: a) para conocer la demanda como la Herramienta de Palabras Clave de AdWords, b) conocer el potencial de mercado por perfiles como la Herramienta de Publicidad de Facebook o c) las visitas de competidores o webs similares en Doubleclick Adplanner.

Establecidos determinados resultados esperados, es importante contar con un equipo o profesional adecuado para llevar a cabo el proyecto web. Insisto que si el web no se dirige a objetivos concretos o no nos dejamos aconsejar por la experiencia y nos centramos sólo en cuestiones estéticas sujetas al gusto personal, después nos será mucho complicado cambiar o modificar cosas sobre la marcha. Durante el diseño o desarrollo es una buena cura de humildad probar los prototipos con usuarios reales y aprovechar sus aportaciones para mejorar la estructura, la navegación o los contenidos.

Una vez la web “en vivo”, la medición del comportamiento de los usuarios (como en Google Analytics) nos dará una visión clara, objetiva, de cómo el web se aproxima a los objetivos. Si estamos todavía lejos, aún cabe ajustar, mejorar, cambiar. Y entonces, sólo entonces, decidiremos abrir las puertas al tráfico que nos costará dinero, a la obtención de las visitas.

El web que nunca se acaba

June 2, 2010

Me encanta cuando el cliente dice: “ya hemos acabado el web y lo publicamos mañana”. Si me pudiera ver se daría cuenta de mi sonrisa… y es que entonces es realmente cuando empieza el web, no cuando acaba. Al publicar el web comienza el trabajo verdaderamente duro: poner a prueba las hipótesis sobre las que hemos construido el web (tareas y objetivos) y saber qué opinan las personas más importantes de todo este proyecto: los usuarios del web. Poner a prueba el web es validar esas hipótesis con usuarios reales y ver si hemos acertado. Con esta humildad tendríamos que ser capaces de afrontar los proyectos web, entendiendo que un web no es algo que empieza y acaba sino un proceso que se inicia con la publicación pero que no acaba nunca. Y no acaba nunca porque no podemos conformarnos con algo aceptable, en un entorno donde los competidores también están esforzándose por ofrecer a nuestros usuarios una experiencia mejor. Como dice Pere Rosales en su libro “Estrategia Digital” (excelente libro, por cierto): “Esto ya no es lo que era. (…) Ya no sobreviven las empresas por ser grandes sino por ser ágiles y adaptarse continuamente al entorno”

¿Qué necesitamos?

  • Definir unos objetivos,  y en cifras.  Aquí a menudo nos movemos en un entorno incierto si se trata de productos nuevos o compañías de nueva creación. Lo ideal es realizar un estudio de mercado pero no siempre disponemos de estos datos y tenemos que trabajar con estimaciones de productos similares.
  • Herramientas para medir todo lo que sea posible. Un buen programa de analítica web como Google Analytics o el que sea y también otro tipo de mediciones de lo que pasa fuera del web: ratios de conversión  a candidatos (si no vendemos online), ratios de conversión a ventas, tamaño de los pedidos, días que transcurren hasta la venta, clientes de repetición o no etc.
  • Información cualitativa del tipo cómo ha mejorado la percepción de marca, la satisfacción del cliente, la imagen de la empresa, el valor añadido al cliente etc.  Nuestro departamento de servicios al cliente o una encuesta nos pueden poner sobre estas pistas.

Pero lo más importante de todo lo que necesitamos es esa actitud positiva hacia el cambio. Tenemos que estar dispuestos:

1) a realizar tantos cambios como sean necesarios para asegurarnos de que estamos acercándonos a esos objetivos o, aún más, a replantearnos los objetivos desde cero.  Si el gerente o director no quiere que la web se toque, está claro que no tiene la actitud para enfocar el web como un proceso.

2) que los cambios se hagan de manera rápida.  Aunque sean poca cosa, siempre es mejor experimentar,  sin perder tiempo,  medir y aprender, y si es necesario volver a la situación original que esperar 3 meses a la próxima actualización del web o a que se reúna todo el equipo comercial para revisar un párrafo de texto o el cambio de una fotografía. Para ello es necesario contar con herramientas o recursos para estar continuamente ajustando el web.

3) a romper estereotipos respecto nuestros usuarios y aprender de ellos.

4) a hacer las cosas diferentes respecto de como se han hecho toda la vida.

Esta misma argumentación respecto del web se aplica también a nuestras campañas. Y sí, a veces tocar algo para mejorar implica ir hacia atrás en resultados pero adelante en cuanto al conocimiento de nuestros clientes.