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Alguien ha leído mi email
por M.Benítez (21/12/00) La cuestión de la inviolabilidad del email es un tema que siempre nos ha inquietado pero que ahora ha vuelto al escenario tras conocerse la reciente sentencia del TSJ (Tribunal Superior de Justicia español) que justifica el despido a un empleado cuyo correo electrónico fue "espiado" por la empresa (Deutsche Bank) y que descubrió así que el trabajador mandaba más emails personales de los que se le estaban permitidos. ¿A quién va a sorprenderle que lean su email en la empresa, si ya sabemos que se controlan las llamadas de teléfono y algunas empresas tienen hasta cámaras de seguridad? La cuestión es complicada porque mezcla el tema de derechos personales con los intereses mercantiles. La empresa siempre lo justifica para evitar abusos de recursos, falta de atención en el trabajo y por tanto disminución rendimiento y productividad, vamos, que se "pierde" el tiempo y el trabajador siempre se defiende con la inviolabilidad de su intimidad. Pero se me ocurre, hasta qué punto existe derecho a la intimidad si yo recibo un email con un chiste -y no paran de llegar los chistes y avisos de virus- obsceno, sexista de un(a) señor(a) que lo firma tan tranquilo como fulanito@EMPRESA.com, ¿no pensáis que eso es normal que la empresa lo controle o que al menos le incumbe? ¿y si un empleado introduce un virus en la empresa que puede destruir su información?. El último caso curioso que he leído es el de Norton Rose y el email obsceno que de uno a otro llegó hasta 1 millón de personas y ¡todo con el nombre de la prestigiosa firma de abogados! El tema pienso está muy animado pero no ha hecho más que empezar. Vamos a resumir algunos puntos de vista. Por ejemplo en USA existen estadísticas de la AMA (una patronal, American Management Association) que indican que el 27 % de las empresas encuestadas admite que controla los email y archivos de sus empleados. Existen también numerosos casos de empleados que han sido despedidos por utilizar el email de forma inapropiada, conocidos casos son los The New York Times y 23 de sus empleados o Boeing. En Francia, la justicia ha decidido en Noviembre de este mismo año darles a las comunicaciones electrónicas el mismo tratamiento que las comunicaciones tradicionales, de forma que considera protegidos por ley los email y por tanto inviolables por el empresario. En España la cosa está también muy movidita sobre todo a raíz de la sentencia que comentábamos sobre el despido considerado procedente del empleado del Deutsche Bank. Los sindicatos UGT y CCOO consideran inadmisible cualquier intromisión en los email de los empleados, con los mismos matices que el resto de mensajes y según el Estatuto de los Trabajadores. La Asociación de Internautas y también la Asociación de Usuarios de Internet están también rotundamente en contra de este control. Por su parte el PSOE interpuso una moción en el Senado para que se asegurara la inviolabilidad del las comunicaciones en el trabajo o en casa. Lamentablemente el PP rechazó esta iniciativa para garantizar la intimidad. Así que hoy por hoy nuestra legislación no nos ofrece otro marco que el de las comunicaciones tradicionales pero estoy segura que esto va a cambiar pues aumentaran los casos al generalizarse indiscriminadamente el uso/abuso del email. Por un lado tenemos los empresarios y los programas que controlan, en palabras más suaves, monitorizan la utilización de Internet, algunos son Keylogger.com, Spector, Little Brother e incluso por ejemplo Napsterminator (Naspter amenaza a todo el mundo, hasta a las empresas ) y en el otro lado existen software de varios tipos para mantenerse en el anonimato por parte del trabajador e iniciativas como la de la campaña prointimidad de Kriptopolis y la Asociación de Internautas con software gratuito para el cifrado. Pienso que tendremos que esperar. Lo que sí podemos exigir mientras tanto a las empresas es que si van a espiar por lo menos lo digan, y así uno ya sabe a lo que se expone y eso por sí solo, ya funciona como disuasorio de malos comportamientos. Las empresas también deberán balancear detalladamente qué se gasta con las comunicaciones "extras" para uso personal, qué coste le supondría en cambio a la empresa que los trabajadores dejen de usar el email para el trabajo, cuánto tiempo realmente se invierte en leer/escribir ese tipo de correo, cuánto tiempo hablamos con nuestros amigos en el teléfono o simplemente cuántas veces a la semana te quedas mirando la pantalla -aparentemente trabajando muy duro- pero con la mente en otra parte. Esto me temo es difícilmente cuantificable, sí en cambio se puede valorar el resultado de un trabajador y su eficacia a pesar de estas "distracciones". Y acabaré con una reflexión: somos humanos, y tenemos debilidades (también durante el horario laboral) pero ¡ojo! porque ahora dejamos el rastro de ellas. ©Copyright Magali Benítez |