¿Qué le pasa a Google™?
M.Benítez (5/01/04)

Corren tiempos movidos para los que nos dedicamos a esto de los buscadores. Y el año que dejamos atrás, el 2003, se cerró con un conflicto que tiene importantes implicaciones para el sector de los buscadores, y de un modo más general, para los negocios en Internet.

Hagamos un poco de historia.

Todo empieza alrededor del 14 de Noviembre. Google comenzaba la actualización de sus bases de datos como había hecho tantas veces con cierta periodicidad. Sólo que en esta ocasión, los cambios que se derivaron de la actualización de las bases de datos fueron de tal magnitud que causaron una auténtica conmoción para miles de Webmaster.

Los cambios, masivos como nunca, afectaron de alguna manera casi al 70% de los resultados. Los que lo detectaron con más rapidez fueron aquéllos cuyos sitios web desaparecieron misteriosamente de las primeras posiciones en el ranking y fueron menos los que públicamente manifestaban haber percibido mejoras respecto su posición antes de la actualización.

Esta actualización o Google Dance, que se bautizó como el Florida Update, generó un intenso debate sobre el papel crítico que para muchas pequeñas empresas tiene su posicionamiento óptimo en Google (sobretodo con la Navidad a la vuelta de la esquina, y viéndose traumáticamente afectados un elevado número de sitios web que vivían del comercio electrónico) junto con una avalancha de artículos de opinión, predicciones y teorías de expertos y Webmaster afectados. Puedes hacerte una idea de lo que se publicó en algunos medios como Forbes, Eweek. Las teorías más malévolas se inclinaron rápidamente por la coincidencia de estos nuevos resultados con la inminente salida a Bolsa, lo que obligaba a Google a rentabilizar rápidamente sus ingresos. Los defensores de la idea hablaron entonces de que con la caída de las posiciones en búsquedas que utilizaban términos comerciales, muchas empresas no tendrían más remedio que contratar Adwords en un intento de mantener el tráfico desde el buscador, lo que por supuesto incrementaría los ingresos de Google a las puertas de su oferta pública.

Aunque sí es cierto que se podían comprobar muchos ejemplos de estas pérdidas graves de ranking por búsquedas comerciales, también existían suficientes excepciones como para no darle todo el crédito a la teoría de la conspiración comercial y concederle a Google el beneficio de la duda (yo soy de estas ingenuas, claro).

Lo cierto es que se han barajado varias explicaciones a este fenómeno, desde cambios en el algoritmo por temas de royalties hasta intentos de luchar contra el creciente abuso de técnicas poco éticas, pero lo cierto es que las posiciones han seguido fluctuando desde entonces. Algunos de los damnificados han recuperado o mejorado sus posiciones, pero muchos otros no.

Lo que me interesa aquí es reflexionar sobre la fragilidad de nuestro tráfico en Internet y de nuestra dependencia de terceros bien sea como enlaces recíprocos o de buscadores.

Google está en su legítimo derecho de cambiar los algoritmos de indexación y dejarnos sin tráfico gratuito. Igual que también nosotros como usuarios tenemos la posibilidad de dejar de utilizar Google si los resultados que nos ofrece no son adecuados o suficientemente relevantes. Este último argumento es el que me hace difícil creer que Google, que hasta el momento siempre ha puesto un especial mimo en ofrecer resultados ajustados y relevantes y de mostrar con claridad lo que son enlaces patrocinados o pagados, pueda poner en entredicho su credibilidad ganada en estos últimos 5 años. Si se extendieran los rumores de que se discrimina a las empresas para que paguen, ¿no pensáis que eso también se reflejaría en la Bolsa?

¿Y qué podemos hacer las empresas pequeñas que no disponemos de grandes presupuestos para publicidad si perdemos nuestras pocas opciones de luchar en igualdad de condiciones con los grandes?

Ha pasado Florida, pronto vendrá Ginger (la nueva actualización) y así vendrán otros cambios futuros. Y seguiremos indefensos ante cambios arbitrarios, cambios con objetivos comerciales o mejoras para depurar los resultados. Y el futuro de las posiciones en Google seguirá siendo incierto.

De momento hay que empezar a mentalizarse de que habrá que pagar por el tráfico que necesitamos, ya sea el presupuesto para consultoría para buscadores, pago por clic, pago por inserción, etc. Y aunque nos duela en el bolsillo será también un impulso para mejorar nuestras webs en busca de una mayor rentabilidad. Querremos exprimir cada euro que gastemos en conseguir tráfico, buscaremos unos mejores ratio de conversión.

Jill Whalen lo tiene claro: "No puedes crear tu sitio web sea como sea, intercambiar unos cuantos enlaces con algunos competidores amables y esperar ser encontrado en Google por frases que también son relevantes a otros millones de sitios web".

No puedo estar más de acuerdo en que hemos superado estra etapa. Y ahora que iniciamos este 2004 es un buen momento para asignarle un presupuesto anual a los buscadores. Escríbeme si necesitas ayuda.

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